Siguiendo la ruta de Darwin

        
      
    

La ruta de Darwin

Es imposible reflexionar sobre el cambio que se ha realizado en el continente americano sin sentir el más profundo asombro. En remotas épocas, América debe de haber sido un hervidero de grandes monstruos; ahora no hallamos más que un pigmeos, cuando se les compara con las razas afines que los han precedido.

El HMS Beagle zarpó de Plymouth al mando del capitán FitzRoy el 27 de diciembre de 1831. El periplo llevó a Darwin a lo largo de las costas de América del Sur, para regresar luego durante el último año visitando las islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Mauricio y Sudáfrica.

La misión consistía en completar el estudio de las costas de la Patagonia y la Tierra del Fuego que el capitán King había iniciado entre 1826 y 1830. Debía cartografiar las costas de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico y realizar una serie de observaciones cronométricas.

Durente el viaje estudió las aguas costeras, midió profundidades e indicó las grandes corrientes oceánicas. Abandonó el barco frecuentemente para realizar largas expediciones por tierra, durante las cuales pudo reunir gran cantidad de especímenes. Además, contempló con asombro la diversidad de la fauna y la flora en función de los distintos lugares.

El estudio de la geología fue, en un principio, el factor que más contribuyó a convertir el viaje en la verdadera formación de Darwin como investigador, ya que entró inexcusablemente la necesidad de razonar.

Día a día Darwin fue tomando confianza en si mismo y racionalizando lo que veía. De a poco comenzó a comprender que era la separación geográfica y las distintas condiciones de vida la causa de que las poblaciones variaran independiente unas de otras.