Tierra de indigenas, tierra del fuego.

        
      
    

 

Tierra de indigenas, Tierra del Fuego

Ushuaia es una tierra rica en historias. Desde la ocupación de los indígenas a la construcción de la cárcel del fin del mundo, pasando por las primeras expediciones de viajeros en el siglo XIX, Ushuaia sigue envuelta en un halo de misterio.

En la actualidad, Ushuaia cuenta con una población de 60 mil habitantes. Pero antes de que la capital de Tierra del Fuego se convirtiera en una sociedad urbanizada, se sucedieron historias de indios, de colonización, de viajeros que llegaban al último rincón del mundo con el afán de descubrir territorios inexplorados.

La historia de Ushuaia se remonta a miles de años atrás, cuando arribaron en canoas los denominados indios yamanes. Estos primeros pobladores habitaban a ambas márgenes del Canal de Beagle y en canales contiguos hasta el Cabo de Hornos. Su vida estaba organizada en torno a la caza de los lobos marinos, que los proveían de la grasa necesaria como para no perecer en los inviernos crudos de Ushuaia.

Seis mil años más tarde, la soledad de los yamanes se vio interrumpida por los primeros viajeros que, producto de la ola expansiva del siglo XIX, se lanzaron a la exploración de los mares. En 1832, la embarcación comandada por el capitán Fitz Roy recaló en la zona de Ushuaia. A bordo del bergantín Beagle, que luego daría nombre al canal por el que hizo su ingreso, la embarcación contaba en su tripulación con un viajero ilustre: Charles Darwin.

De su paso por Tierra del Fuego, el científico inglés se llevó importantes muestras de gran ayudar para la elaboración de su famosa y revolucionaria teoría evolutiva. En la visión de muchos especialistas, su obra "La teoría de la evolución" cambió la concepción del origen del hombre.

En 1871, se instaló en Ushuaia el primer grupo de hombres blancos, pertenecientes a la Misión Anglicana a cargo del reverendo Thomas Bridges. En 1884, tuvo lugar la ocupación de la zona por el gobierno argentino, durante el mandato del presidente Julio A. Roca. Dieciocho años después, se crearía un presidio, bautizado como la "cárcel del fin del mundo", que cambiaría la vida de la ciudad.

Construida por los mismos propios presos, la cárcel funcionó desde 1902 hasta 1947 como un penal destinado a los criminales más peligrosos del país. Sin embargo, los condenados a prisión brindaban servicios de carpintería, aserradero, herrería y huerta, entre otros, al resto de la población. Los presos además trazaron caminos, repararon el muelle, tendieron la red de agua corriente y construyeron las vías por la que transitó el primer tren.

En nuestros días, la cárcel se ha convertido en un museo y existe una colección de fotografías en blanco y negro, que atestiguan la historia del lugar.


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