Bariloche

San Carlos de Bariloche, Patagonia Argentina

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Bariloche cobija montañas con picos nevados en verano y teñidas completamente de blanco en invierno, con el lago Nahuel Huapi a sus pies. Más de medio millón de turistas que llegan anualmente eligen ser testigos de sus maravillosos paisajes.

Dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi se encuentra esta imponente ciudad, una de las más pobladas de la provincia de Río Negro y uno de los centros turísticos más importantes del país (650 mil visitantes al año).


San Carlos de Bariloche resulta una ciudad al pie de la cordillera con posibilidades de diversión amplísimas que van desde la pesca al alpinismo, de las excursiones en los lagos al trekking y del rafting al mountain bike, entre otras.

En el centro de Bariloche -cuyas calles principales son Perito Moreno y Bartolomé Mitre, paralelas al lago- se encuentran los tradicionales comercios en los que se vende una gran variedad de productos regionales: carne y otros alimentos ahumados, chocolate, dulces, cerveza artesanal, pullóveres y tejidos, cosmética de rosa mosqueta, artesanías de madera, hierro y cuero.

Bariloche no duerme nunca. Casino, espectáculos de tango y folklore, pistas de patinaje, bowling, confiterías y discotecas, constituyen las atracciones nocturnas de jóvenes y adultos en busca de unas vacaciones completas.

El Paso Vuriloche

El paso Vuriloche es un paso fronterizo entre la Patagonia Argentina y Chile. Si bien la localidad más cercana a éste punto es un pequeño pueblo llamado Pampa Linda, el paso Vuriloche se encuentra a tan solo 100km de Bariloche y nos permite ingresar a la Patagonia Chilena, en donde la localidad más cercana será Ralún.

Tierra de Indigenas

El espacio que hoy conforma la Patagonia Argentina ha sido tierra de indígenas, criollos, jesuitas e inmigrantes europeos de diversos países. Y San Carlos de Bariloche no fue una excepción.

Lo prueba hasta el nombre de la ciudad, mezcla del paso cordillerano hallado por un jesuita al sur del cerro Tronador, Vuriloche, y del nombre del comerciante alemán que construyó la primera casa en 1895, Don Carlos Wiederhold, que por error trascendió como San Carlos; por una equivocación de imprenta de fines del siglo XIX se cambió el vocablo indígena por Bariloche.


El medio ambiente de esta zona en las afueras de la urbe es tan natural que permite hacer el ejercicio mental de imaginar a tehuelches, puelches y pehuenches cazando avestruces y guanacos en los alrededores del lago Nahuel Huapi, soportando inviernos muy fríos con vientos terribles y la escasez de lluvia que les impedía cultivar la tierra.

Indios de Bariloche: Los indígenas

Los indígenas de Bariloche permanecieron en la zona hasta la segunda mitad del siglo XVII, cuando fueron absorbidos por un pueblo más fuerte y evolucionado culturalmente, los mapuches, quienes se trasladaron desde el territorio chileno escapando de los colonos españoles.

Por el mismo paso cordillerano que utilizaron por primera vez los mapuches -a través de Los Andes hacia el este-, en 1550 llegaron los españoles que vivían en el sur de Chile.

En 1653 arribaron a este territorio los sacerdotes jesuitas, que realizaron una obra evangelizadora de acuerdo a sus creencias católicas. De a poco, los indígenas se vieron obligados a cambiar sus costumbres y hábitos y fueron disminuyendo. El desconocimiento que existía sobre las características geográficas, provocó que también algunos científicos pioneros fueran enviados a investigar.

Sin embargo, el acontecimiento que cambiaría definitivamente las características culturales fue la Campaña al Desierto, una guerra que se desarrolló en 1878-79 y que tuvo por objetivo el alejamiento de los indígenas para que la zona fuese ocupada por pobladores blancos provenientes del norte del país.

Población de Bariloche

Lentamente se fue dando la incorporación de inmigrantes de distinta nacionalidad, un proceso que fue impulsado por el gobierno argentino de la época. Primero llegaron alemanes y norteamericanos y una década después, en 1904, arribaron los pobladores suizos que residían temporariamente en Chile. La economía se renovó y empezaron a funcionar aserraderos, herrerías y tambos, junto con otras actividades como la construcción de embarcaciones artesanales para transportar mercadería.

En esta zona virgen y alejada de los grandes poblados, los nuevos habitantes tuvieron que volcar sacrificio y trabajo para consolidar las bases económicas de la región. Sin duda, los descendientes de aquellos pioneros son los referentes de la época y los encargados de guardar en la memoria cada relato transmitido de una generación a otra.