Esquel y La Trochita

 Un viaje en Tren al pasado en Esquel para conocer un poco dela Historia de la Patagonia

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Nunca podremos hacer un viaje al pasado para visitar aquellos lugares de los que, con tanto entusiasmo, hablan los relatos históricos, pero este tren patagónico lo hace realidad. Si vistiamos la ciudad de Esquel en la Patagonia Argentina y tenemos la oportunidad de subirnos a La Trochita, sentiremos justamente ese efecto: con sólo subirse a este tren de trocha angosta se tiene la sensación de estar en el siglo pasado, atravesando los mismos paisajes que recorrieron los pioneros que arribaron a esta región.

Siempre por encima de los 600 metros sobre el nivel del mar y a través de vías separadas apenas por 75 centímetros de ancho, La Trochita es una locomotora a vapor que transita mesetas, derivaciones precordilleranas y, hacia el oeste, magníficos lagos rodeados de bosques prácticamente vírgenes.

El recorrido de la Trochita en Esquel

A 50 kilómetros de El Bolsón está El Maitén, la localidad desde donde actualmente parte La Trochita para llegar hasta Esquel. La aclaración temporal es importante, pues originalmente este peculiar medio de transporte abarcaba 402 kilómetros, con algo más de 600 curvas en su trayecto, y unía las provincias Río Negro y Chubut. Hoy, únicamente el norte chubutense tiene el privilegio de escuchar desde lejos el sonido de su marcha y el eco que se expande en la inmensidad de la estepa patagónica.

Pero en sus inicios la historia era otra: resplandeció como el único vehículo que existía para vincular a las comunidades cordilleranas. A partir de su inauguración, en 1945, trajo prosperidad dado que se empezó a transportar mercaderías en sus vagones. La gente, además, viajaba llevando sus animales aclimatados con viejas salamandras.

Rebautizado como Viejo Expreso Patagónico, la Trochita conserva sus valores históricos intactos, pero su recorrido cumple actualmente sólo una función turística y fue reducido a 165 kilómetros y tres estaciones: El Maitén, Nahuel Pan y Esquel.

Las numerosas curvas que atraviesan los rieles de la Trochita-y que, por cierto, regalan vistas diferentes en el trayecto- siguen siendo la mayor atracción que convoca anualmente a miles de turistas nacionales y extranjeros, que acuden en busca de una particular manera de explorar los paisajes patagónicos.

Ovejas, manadas de guanacos y ñandúes, salen al encuentro de La Trochita; se instalan disciplinadamente en las vías y, cuando aparece, se echan a correr como si fuera su diversión diaria.

El Maitén y su labor en La Trochita

En El Maitén, además de funcionar el taller donde se realizan artesanalmente las piezas de repuesto para La Trochita que ya no se fabrican industrialmente, los galpones fueron convertidos en el Museo Ferroviario, con una confitería y área de servicios.

Muy cerca de allí, a unos 25 kilómetros, vive una comunidad indígena de treinta familias de origen mapuche, llamada Vuelta del Río, ya que su paraje está ubicado en el punto donde el río Chubut “da vuelta” y se encamina hacia el océano Atlántico.

El recorrido de la Trochita también se puede iniciar desde Esquel y, si la idea es volver en el día, el tramo hasta Nahuel Pan es lo adecuado. Sólo 36 kilómetros de serpenteante geografía separan estos destinos.

En los alrededores de la estación intermedia de La Trochita habitan algunos descendientes de mapuches, que se dedican a la actividad pastoril y a la confección de artesanías que venden en muestras artesanales. Si el mes de marzo lo encuentra por esta zona, no deje de acercarse al Camarucu, la principal fiesta religiosa de esta comunidad, en la que se reúnen al pie del cerro Nahuel Pan para invocar a Nguillatún, su dios.